Escuelas Infantiles Happy Way: Premio "Mejor Centro de Educación Infantil"

Mi hij@ muerde, ¿qué puedo hacer?

Has podido escuchar que los mordiscos en la primera infancia son conductas normales que el niño puede tener, con una duración indeterminada, pero en la mayoría de los casos transitoria, si no es así, lo mejor es que acudamos a un profesional que nos ayuda a solucionar el problema.

Podemos encontrar mordiscos en el ambiente familiar, te muerde a ti papa o mama, o muerde a los hermanitos, o cuando viene algún familiar a casa… También es posible que si vamos al parque escuchemos que un niño llora y temamos mirar si nuestro pequeño está enganchado a ese pequeño con un buen mordisco. O si tu pequeño va a la escuela, cuántas veces te has encontrado con la conversación en la puerta del aula en la que la maestra te comenta que hoy ha tenido un día algo más agitado y ha mordido a algún compañero…

Bien, estás situaciones por incómodas que resulten, son parte del desarrollo del niño y teniendo claro lo que a continuación vas a leer es muy probable que se reduzcan y sobre todo que tu sientas que la situación la tienes controlada.

Primero, ¿nos ponemos en su lugar?

Hagamos un ejercicio, ahora mismo tenemos 20 meses, nuestra capacidad para comunicarnos es algo escasa, el lenguaje aún no lo controlamos en exceso, y en muchas ocasiones las herramientas que utilizamos para comunicarnos no son del todo efectivas y nuestras ganas por conseguir aquello que queremos son muy fuertes, muy muy fuertes, nos sentimos mucho más autónomos y nuestras emociones están a flor de piel en todo momento, digamos que somos muy pasionales.

Primera situación, estamos tranquilamente en la escuela jugando con nuestro coche y viene nuestro compañero Hugo a quitarlo directamente de nuestras manos alterando nuestro momento, ¿Cómo reaccionas?

Segunda situación, estamos en el parque con niños que es probable que no conozcamos, diferentes edades, diferentes juguetes que son propiedad de cada niño y que aunque no estén usando los quieren para ellos, vamos a coger un juguete y viene un niño y nos lo quita sin más, ¿Cómo reaccionas?

Tercera situación, estamos en casa, nuestro hermano mayor no quiere que cojas sus cosas, pero tu ya quieres empezar a usar sus lápices de colores porque eres mayor, los coges pero llega él y de un tirón te los arranca de las manos, ¿Cómo reaccionas?

¿Has sido capaz de realizar el ejercicio? ¿Cómo te has sentido?, ¿cuál sería tu reacción si tuvieras 20 meses y las características de un niño de esta edad? Es muy probable que te sientas enfadado con esta situación, que no comprendas que está sucediendo y que la única manera de obtener una reacción por parte del niño sea morderlo o empujarlo, es una estrategia de comunicación que has creado durante tus pocos meses de vida, quizá haya sido la única que hasta el momento te haya funcionado si no hay supervisión de ningún adulto. ¿Y si algo me funciona por qué dejar de hacerlo?

Después de esto, primer tip para reducir la conducta, EMPATIZAR CON NUESTRO HIJO.

¿En casa no lo hace, pero en la escuela cada día?

Es verdad que en ocasiones los mordiscos se ven elevados en el momento de la escolarización de un niño en una escuela infantil.

Para entender el por qué sucede esto, tan solo tenemos que pararnos a pensar en la diferencia de los dos contextos:

  • En casa: Papa y mamá, hermanos si existen, ambiente controlado, los juguetes solo para él con una atención exclusiva por parte de sus adultos de referencias
  • Escuela Infantil: Una media de 20 niños en el aula, con solo un adulto que supervisa las interacciones de los niños. Primer lugar en el que el niño se ve en situaciones comprometidas de compartir atención, juguetes, y socializar con personas que no conoce. Lo más habitual es que opte por este tipo de conductas para conseguir su objetivo, ya sea el juguete que le encanta o la atención de la maestra

¿Notáis la diferencia?  Es normal que nuestros pequeños de primeras desarrollen este tipo de conductas de relación y comunicación, y es normal que en la escuela se generen con más intensidad, hasta el momento las relaciones entre iguales seguro que habían tenido adultos de referencia que controlaran estas interacciones, o por lo menos niños con los que supervisar el tipo de interacción.

Segundo tip para reducir la conducta, ENTENDER EL CONTEXTO EN EL QUE SE ENCUENTRAN.

Uso de la boca en los primeros años de vida.

Ya has visto que los niños pueden morder por diferentes razones. En los primeros años de vida, nuestros pequeños se encuentran en una fase exploratoria a través de la boca. ¿Cuántas veces has observado que tu hijo se lleva todo a la boca?

  • Desde el nacimiento al primer año de vida: utilizan la boca para explorar todo aquello que les rodea, para aprender sobre el mundo que están comenzando a descubrir y como forma de interacción. A través de este tipo de exploración son capaces de descubrir las propiedades de los objetos, su temperatura, la textura, si es blando o duro…
  • De 1 a 3 años: la falta de lenguaje y el inicio de las interacciones entre iguales como ya os he comentado es uno de los motivos de estas conductas. En esta edad no se dispone de vocabulario suficiente, ni de habilidades sociales para comunicarse, las emociones son muy intensas y la falta de autocontrol sobre las mismas provoca que en ocasiones tiendan a este tipo de conductas para aliviar su emoción o simplemente como vía de comunicación

Los celos, entornos desconocidos, situaciones de estrés, sentirse agredidos o por imitación, son otros de los motivos por los que los niños pueden tender a morder en esta edad.

Tercer TIP, como veis, la conducta puede suceder en diferentes situaciones, para descubrir por qué lo hace nuestro hijo deberemos observar y comprender las emociones que sienten en el momento.

Pero, ¿Qué podemos hacer para reducir los mordiscos?

  • Observar y anticiparnos: Es importante como padres que observemos qué circunstancias son las que llevan a nuestro hijo a morder. Si es cuando se siente cansado podemos ofrecerle actividades más calmadas, si es porque tiene hambre podemos darle una pieza de fruta para que muerda y a la vez alivie el hambre, si es porque se aburre podemos cambiarle de ambiente. Lo importante es conocer a nuestro hijo y anticiparnos a aquellas situaciones que observemos que le llevan a realizar la conducta
  • Reaccionar ante el mordisco: debemos enfocar toda nuestra atención en el niño que fue mordido. A veces, como es normal, acudimos al niño que ha mordido intentando que modifique su conducta, pero en ocasiones la atención negativa también puede animar a realizarlo de nuevo. Es por eso que debemos reparar primero el dolor, y después, con mensajes cortos, claros y con actitud calmada pero segura, dirigirnos al niño que ha mordido para explicarle que este tipo de acciones molestan a la otra persona 
  • Ayudar a exponer con palabras sus sentimientos: como ya he comentado antes, en muchas ocasiones estas situaciones suceden porque no son capaces de expresar con palabras sus sentimientos, por lo que podemos ayudarles poniéndole nombre a cómo se sienten, validando sus emociones, pero haciéndoles entender que esa no es la forma de expresarla. Valoramos la emoción pero no la acción
  • Usar refuerzos positivos: Fortalece la inteligencia emocional de nuestro hijo, alabando su buen comportamiento. Es igual de importante hablar con un niño cuando ha hecho algo mal, que reforzarle positivamente cuando lo está haciendo bien, además esto último le anima y motiva a seguir comportándose de dicho modo. Tenemos que tener cuidado con el uso de los refuerzos positivos, el objetivo es que el niño comprenda cuales son una buenas interacciones sociales.
  • Instruir sobre la boca y para qué sirve: Una muy buena opción es hablar con los niños de para qué sirve la boca, qué utilidades tiene y cuáles son las que nos gustan y las que no. Además podemos relacionar cada una de las acciones con los sentimientos que nos genera.

El final de esta etapa suele aparecer alrededor de los tres o cuatro años, cuando los niños comienzan a poner en práctica todas las habilidades sociales que han ido aprendiendo y disponen del lenguaje suficiente para expresar sus emociones con los demás. No todos los niños muerden, existen niños que son más activos a nivel oral que otros, por lo que es posible que sean más propensos a realizar este tipo de conductas. Si esta es una situación de familia en apuros, recordad que sois su guía, en vosotros tendrá su mejor ejemplo, hablar de nuestros sentimientos y nuestras emociones permite a los niños comprender cuales son las formas de gestionar esos momentos de rabia o frustración
Y en casa ¿habéis vivido esta etapa? ¡Os leemos!

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